sociedad del conocimiento columna Alvaro Fischer

En un reciente viaje a Boston y Nueva York tuve la oportunidad de constatar, de cerca, un fenómeno particularmente sugerente. Los líderes de las industrias tecnológicas de vanguardia —Amazon, Google, Apple, Microsoft, Facebook, entre otras— tienen una relación personal estrecha con los líderes del mundo intelectual, en especial con aquellos que se posicionan desde la perspectiva científica. Pueden ser filósofos, psicólogos cognitivos, científicos sociales evolucionarios, biólogos o físicos, pero esa sociedad del conocimiento comparte un interés por desarrollar una actuación pública conocida a través de sus libros, artículos de opinión, podcasts o blogs. En ellos se refieren no sólo a sus conocimientos específicos. También aluden a cómo, sobre la base de ellos, pueden interactuar con la sociedad en la que están insertos.

“Un rasgo novedoso de la sociedad del conocimiento es que la creación de valor requiere la interacción de todos quienes están en la frontera de sus respectivos campos, y que la separación artificial en compartimentos resulta inconveniente y poco fecunda. Al revés, la fuerza de sus disrupciones se alimenta de esos contactos” — Álvaro Fischer, Socio Director Empresas Resiter

Esta tendencia ya la había inaugurado John Brockman, el célebre agente literario de la mayoría de los científicos más conocidos, hace más de 20 años. A través de su sitio web www.edge.org —algunos lo llaman “the smartest website in the world”, por el calibre intelectual de sus participantes—, junta a ambos mundos en reuniones de cierta periodicidad. La interacción lograda en esta sociedad del conocimiento no busca que emprendedores aprendan ciencia o que científicos e intelectuales aprendan de negocios. Su propósito es que el diálogo entre ambos provoque una “fertilización cruzada” de las metáforas que manejan en sus respectivos escenarios de trabajo. Esto con la idea que eso les permita incorporar nuevas ideas para mejorar lo que realizan a diario.

Pero hay una razón adicional que los motiva a asistir, y eso es lo más interesante. Lo hacen porque se admiran mutuamente. Los emprendedores admiran y les reconocen el valor de las ideas y el trabajo de los científicos, y los científicos admiran lo que han logrado hacer los emprendedores, empaquetando ciencia y tecnología en innovaciones poderosas implementadas en sus empresas. Eso es algo que casi no vemos en nuestro país.

Sociedad del conocimiento en Chile

Por ejemplo, Bill Gates prestó su nombre para alabar el último libro de Steven Pinker “Enlightnment Now” en la portada del mismo. Hoy mantiene con él un diálogo permanente respecto del futuro de la ciencia, la empresa y del proyecto humano. Pero eso ocurre con muchos otros, que se tratan entre sí “on a first name basis”. Eso le otorga un especial vigor a la creación de valor en los campos de punta, ya sea se trate de la producción de bienes o el otorgamiento de servicios, o se refiera a la distinción filosófica, los avances científicos, las disrupciones tecnológicas, o los marcos conceptuales más avanzados para comprender el mundo.

“Es de esperar que en nuestro país la tétrada ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento, camine hacia el futuro de manera conjunta. Que sus mejores exponentes conversen entre sí para su mejor desarrollo profesional y espiritual, pero también para bien del país y sus ciudadanos” — Álvaro Fischer, Socio Director Empresas Resiter

De modo que, al adentrarnos en la sociedad del conocimiento, nos estamos enterando que un rasgo novedoso de ella es que la creación de valor requiere la interacción de todos quienes están en la frontera de sus respectivos campos, y que la separación artificial en compartimentos —industrial, científico, artístico o filosófico— resulta inconveniente y poco fecunda. Al revés, la fuerza de sus disrupciones se alimenta de esos contactos.

Es de esperar que en nuestro país se comprenda el significado profundo de aquello, que la tétrada ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento, camine hacia el futuro de manera conjunta, y que sus mejores exponentes conversen entre sí para su mejor desarrollo profesional y espiritual, pero también para bien del país y sus ciudadanos.