El riesgo que muchas empresas todavía no están midiendo

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El riesgo que muchas empresas todavía no están midiendo

Por: Daniel Vercelli, Socio cofundador y Managing Partner de Manuia, y María de la Paz Irarrázaval, Socia Consultora y Country Manager Chile de Manuia, relatores del curso Sostenibilidad y Estrategia para la Creación de Valor, Academia ICARE

Si alguien cree que la sostenibilidad se reduce a reducir la huella de carbono, instalar paneles solares, un buen contrato con un proveedor de energía renovable y un par de publicaciones para visibilizar estos y otros impactos, probablemente su empresa se esté quedando atrás. Esa idea, extendida durante años en el mundo corporativo, describe apenas una fracción de un fenómeno mucho más amplio y, sobre todo, mucho más financiero de lo que se suele reconocer.

Existen ya los conocidos factores ambientales, sociales y de gobernanza, los criterios ESG, y su influencia sobre las decisiones de negocio es cada vez más determinante, aunque a veces la discusión pública y la política internacional aparente lo contrario. Estos factores están moviendo inversiones, definiendo el cierre o la pérdida de contratos y afectando directamente el valor de las compañías. Sin embargo, buena parte de los líderes empresariales todavía no los está midiendo de forma sistemática o no ha encontrado el vínculo con la estrategia y el resultado del negocio, lo que no minimiza su importancia material pero sí afecta su priorización en el proceso de toma de decisiones. En específico, para dar un ejemplo, hay eventuales ingresos/ventas futuras que eventualmente que no se están protegiendo, y que se dan por sentado o como mercado adquirido y sobre el cual incluso se espera crecer como base.

El error de fondo es tratar este tema como un asunto exclusivamente reputacional. Si una organización asume que el riesgo ESG es únicamente un riesgo de imagen, está viendo solo una parte de la película: en realidad, se trata de un riesgo en muchos frentes, incluyendo el financiero, con consecuencias directas sobre el acceso a capital, las condiciones de financiamiento y la sostenibilidad del negocio en el tiempo. Los directorios de las empresas más importantes del mundo ya operan bajo esta mirada y lo han incorporado a su gestión estratégica, y generando en muchos casos ventajas competitivas.

Incorporar los temas relacionados a la sostenibilidad en la estrategia y modelo de negocio de una empresa implica cosas muy concretas para la gestión. Supone analizar la materialidad de cada riesgo ESG y su impacto real en el negocio; revisar el rol del Directorio y la alta dirección en la supervisión de estas decisiones; e incorporar estos criterios en la evaluación de proyectos, el CAPEX y la asignación de capital y en el financiamiento. Supone también sostener una gestión ética y transparente de las expectativas de los distintos grupos de interés, contar con indicadores que permitan medir el desempeño ESG con el mismo rigor con que se mide cualquier otra variable crítica del negocio, e incorporar algunos de esos indicadores en la evaluación de desempeño y los incentivos variables anuales de una parte (al menos) de la administración.

La pregunta, entonces, no es si la sostenibilidad debe estar en la agenda directiva, sino si su empresa cuenta con una estrategia sostenible (en el sentido amplio de la palabra, incluyendo los factores ESG) que le permita anticipar estos riesgos y, al mismo tiempo, capturar el valor que ofrece una gestión responsable y bien planificada. Quienes lideran hoy las organizaciones más relevantes ya incorporaron esta mirada a su proceso de toma de decisiones. El desafío para el resto es dejar de tratar la sostenibilidad como una variable accesoria y empezar a gestionarla como lo que realmente es: un factor central de la estrategia y de la creación y protección de valor en el tiempo, como lo dice la misma palabra.

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