Discurso de Renzo Corona, presidente de ICARE, en ENADE 2026: «Es tiempo de invertir en Chile»

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Muy buenos días. Bienvenidos a ENADE 2026.

Hago míos los vocativos ya enunciados, pero quiero agradecer especialmente al presidente de la República por acompañarnos en esta jornada, a las autoridades presentes, a los líderes del mundo empresarial, de la academia, de la sociedad civil y a quienes siguen esta transmisión en todo el país.

Mi reconocimiento particular a los Socios Colaboradores de ICARE: su compromiso constante hace posible este espacio de encuentro y nuestro trabajo durante todo el año.

Elegir las palabras que dan identidad a este encuentro es un ejercicio que hacemos con especial dedicación.

Tenemos una tradición que hemos sabido mantener: el latín. Porque aquí podemos cambiar los temas, los formatos y hasta al presidente de ICARE. Pero al latín le seguimos renovando el contrato.

Tempus Invertendi. Tiempo de invertir.

Detrás de este lema no hay una consigna financiera ni un llamado abstracto a reactivar números en una planilla.

Aunque los números han sido parte fundamental en mi trayectoria, aquí hay una invitación mucho más profunda:

preguntarnos qué tenemos que hacer HOY para que las fortalezas de Chile se conviertan en empleo y prosperidad para las personas.

El mapa que acabamos de ver en la pantalla resume esa convicción: es el mismo país, nuestra geografía no ha cambiado. La invitación es a cambiar el prisma con el que nos miramos, esto es: invertir la mirada.

A veces caemos en la tentación del escepticismo o de los diagnósticos que paralizan. Cuando uno recorre Chile, lo que encuentra es extraordinario.

Tenemos el desierto con la mayor radiación solar del planeta. Una cordillera que guarda minerales críticos que el mundo necesita para su transición energética. Tenemos empresas líderes, de clase mundial y tenemos un gran capital humano.

Hay otra fortaleza de Chile que a veces olvidamos: nuestra capacidad de adaptarnos. Hemos demostrado que somos capaces de resolver democráticamente nuestras diferencias, corregir el rumbo y construir acuerdos cuando las circunstancias lo exigen. Esa capacidad es un activo ENORME en un mundo que cambia permanentemente.

Si, tenemos fortalezas.

Pero el desafío es ponerlas al servicio de las pequeñas y medianas empresas con potencial de crecer y que el empleo se distribuya en todo Chile.

Porque cuando una empresa crece, muchas otras crecen con ella.

Invertir en Chile significa comprometer recursos y asumir riesgos, en el largo plazo. Se necesitan reglas claras, plazos razonables e instituciones que funcionen. Y se necesitan empresas capaces de desarrollar buenos proyectos, de competir y de llevarlos adelante.

Porque las ventajas comparativas no garantizan el éxito. Al igual que en la vida, cuando un país no transforma su potencial en movimiento real, el desarrollo se estanca. Eso exige responder con coraje a una pregunta:

¿junto a quiénes estamos construyendo esa prosperidad?

Ahí radica el corazón de este encuentro: invertir en las personas.

Hablemos de empleo.

La última medición nos muestra una tasa de desocupación del 9,6%.

Y cuando una cifra difícil se repite mes a mes, corremos el riesgo más peligroso de todos: normalizarla.

Acostumbrarnos. Resignarnos a que casi un millón de personas no encuentren un espacio donde aportar. Y Chile no se puede resignar a eso.

Detrás de ese porcentaje hay familias, rostros, historias: una mujer que postergó su vida laboral para cuidar a los suyos, un joven técnico o profesional que sale al mercado y no encuentra el espacio para iniciar su vida laboral; o un trabajador con décadas de oficio que ve cómo la tecnología redefine su entorno y siente miedo de quedarse atrás.

Chile tiene talento en cada rincón. La gran deuda pendiente es conectar ese talento con oportunidades reales.

Y esto no lo digo desde la teoría. Me toca en lo más profundo.

Cuando joven, era tartamudo. Hablar frente a los demás era un obstáculo tremendo, un peso que cargué con esfuerzo durante años. Tuve que trabajar duro, enfrentar mis propios silencios, miedos y vencer la frustración.

De esa experiencia aprendí una lección que me acompaña hasta hoy:

una dificultad jamás debe definir lo que una persona puede llegar a ser.

Pero aprendí algo más decisivo todavía:

El esfuerzo es indispensable, pero no basta.

Yo pude superar esa barrera porque hubo personas que creyeron en mí antes de que yo mismo pudiera hacerlo. Me dieron la oportunidad de aprender, de equivocarme, de corregir el rumbo y de levantarme.

Quizás por eso creo profundamente en el valor del mérito y del esfuerzo, y en la responsabilidad que tenemos de abrir oportunidades para otros.

Porque el mérito necesita oportunidades para expresarse, de lo contrario, termina en frustración.

Por eso, hoy me atrevo a plantear una pregunta abierta a todos quienes lideramos empresas:

¿qué significa ser una buena empresa en el Chile de hoy?

Una empresa debe ser rentable, innovadora y competitiva; por supuesto que sí. Lo hemos hecho. Hemos construido empresas capaces de competir en el mundo.

Pero hoy debemos aspirar a un estándar más alto:

ser la mejor empresa posible para Chile.

Tenemos razones para mirar este desafío con optimismo. La valoración por parte de la sociedad, sobre la empresa, muestra señales de recuperación. Pero la confianza no es un cheque en blanco: es una responsabilidad que debemos renovar cada día, con nuestra conducta, nuestras decisiones y el impacto que generamos en las personas.

Eso se mide en cómo tratamos a nuestros equipos, qué oportunidades abrimos y cuánto confiamos en sus capacidades. Cuando una empresa capacita a un trabajador, no solo está mejorando su productividad: está abriendo el horizonte de toda su familia.

Cuando invertimos en una persona, esa prosperidad cruza la puerta de su casa, se sienta a la mesa y le cambia el destino a sus hijos.

Eso nos lleva a la tercera gran urgencia de este encuentro: invertir en conocimiento y capacidades.

Hoy la inteligencia artificial y las tecnologías de vanguardia redibujan permanentemente la forma de trabajar y producir. Pero creo que sería un error usar la tecnología solo para hacer más barato o más rápido lo mismo de siempre.

La verdadera pregunta es: ¿qué nuevos desafíos podemos resolver con ella? ¿Cómo combinamos la potencia de las herramientas digitales con la creatividad, el juicio crítico y el sentido ético de nuestra gente?

Creo que el crecimiento, cuando NO llega a las personas, es sólo un número y la tecnología no distribuye progreso por sí sola. Son las decisiones humanas las que le dan propósito.

Hay una decisión que depende de nosotros: formar a nuestra gente para que pueda adaptarse y seguir aprendiendo.

A lo largo de esta jornada vamos a escuchar voces que nos van a ayudar a pensar en todo esto:

La mirada económica del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz (gracias por estar acá) que ha dado pasos importantes para mejorar las condiciones que Chile requiere para volver a crecer.

La evidencia económica de Sergio Urzúa, que nos recordará con rigor por qué el capital humano y las reformas bien pensadas son el motor de la productividad.

La audacia científica de Barbarita Lara, un ejemplo de lo que logra el talento chileno cuando la ciencia se pone al servicio de las personas.

El diálogo fundamental entre la ex Rectora Rosa Devés y Lucas Palacios, rector de Inacap. Porque si la academia y la empresa no se encuentran, el talento de Chile se queda sin destino.

La visión estratégica de Juan Carlos Jobet, que a partir del Estudio ZERO nos mostrará cuánto puede crecer Chile si somos capaces de desplegar todo nuestro potencial.

La experiencia movilizadora de don Francisco, que ha demostrado que cuando Chile comparte un propósito, alcanzamos metas que parecían imposibles.

Felipe Millón, que nos desafiará a usar la inteligencia artificial para ampliar nuestras capacidades y las oportunidades de Chile.

Finalmente, el Presidente de la República, quién ha estado disponible para conducir nuestro país, tarea que siempre hemos de mirar como algo valioso, de cara a Chile y su gente.

Finalmente, debemos asumir un compromiso con el tiempo: invertir en el futuro.

Entiendo la urgencia.

La comprende la familia a la que los ingresos no le alcanzan a fin de mes, la pyme que hace malabares para pagar sus compromisos y el emprendedor que espera meses por un permiso.

Por eso, gobernar exige atender las urgencias, pero sin hipotecar el mañana.

En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y una creciente polarización, Chile necesita más que nunca una visión compartida y la capacidad de construir acuerdos que trasciendan las diferencias políticas.

El lunes recién pasado, el cardenal Chomalí, nos recordó algo esencial: la política es una vocación noble, una forma de servicio al bien común. Y nos invitó a recordar que el adversario no es un enemigo.

Chile necesita recuperar esa convicción: que el poder es servicio, que las diferencias no impiden el diálogo y que la confianza se construye con hechos, no solo con palabras.

Los países serios no se reinventan cada cuatro años. La infraestructura, la matriz energética, la calidad educativa y la cohesión social son carreras de largo aliento.

Requieren acuerdos estables, visión de Estado y la generosidad de construir sobre lo que funciona, sentándonos a conversar con quienes piensan distinto, recordando siempre que los problemas de un país no vienen separados por ministerios, por gerencias ni por disciplinas.

Amigas y amigos:

Dar vuelta el mapa no altera la geografía, pero nos sacude la mirada. ¡Démoslo vuelta!

Invertir la mirada implica desprendernos de la queja y asumir nuestra cuota de responsabilidad.

Desde ICARE los convocamos con fuerza y esperanza: atrevámonos a invertir en Chile. Apostemos por nuestras regiones, incorporemos el talento de más mujeres a la fuerza laboral, abramos paso a las nuevas generaciones y pongamos la innovación al servicio de las personas.

La grandeza de un país no depende de los recursos que duermen bajo su suelo, sino del valor que somos capaces de despertar en su gente.

Chile tiene con qué.

Chile tiene con qué.

Tenemos el talento, la energía y la historia.

No esperemos un momento más propicio. No deleguemos en otros lo que nos corresponde construir hoy.

Y no olvidemos

La confianza también es tiempo invertido.

Tempus Invertendi. Es tiempo de invertir en Chile.

Muchas gracias.