Discurso del señor Ernesto Ayala Oliva

PREMIO ICARE 1984 EN CATEGORÍA EMPRESARIO

Deseo agradecer de todo corazón la gentileza y la amabilidad que ha tenido para conmigo el Directorio de ICARE al asignarme este año el Premio “Empresario” con que he sido honrado esta mañana.

Es un verdadero privilegio, que no estoy seguro de merecer, ligar mi nombre al grupo de chilenos que me han precedido en esta distinción y que han hecho patria, creando industrias, forjando oportunidades para los demás y colaborando sin falta al progreso de nuestro país.

Prácticamente todos los años de mi ya larga vida los he dedicado al trabajo en la industria. Han sido años duros, llenos de vicisitudes y sobresaltos, pero también colmados de realizaciones útiles, que me han dado plena satisfacción, sin duda alguna.

Creo oportuno en esta ocasión destacar algunas condiciones esenciales que, a mi juicio, deben tener los empresarios, particularmente en el tiempo actual, en que la sociedad, con razón, espera tanto de nosotros.

Deben tener imaginación, empuje, decisión, audacia, buen juicio en lo económico y otras condiciones que son inherentes a todo creador y administrador eficiente de empresas, cualidades comunes y necesarias para tener éxito, para ganar dinero y para crecer constantemente.

Pero junto a ellas deben agregarse otras, que no sólo nos permiten actuar bien intrínsecamente en nuestros propios negocios, sino al mismo tiempo obtener el respaldo y el respeto de la comunidad entera.

Estimo, por ejemplo, que nuestros empresarios deben comprender claramente que las empresas son parte muy importante del concierto social en que vivimos, tanto dentro de las comunas como de las ciudades, de las regiones y del país entero. Sin un desenvolvimiento adecuado del escenario social que las rodea, las empresas no funcionan bien.

Son muchos los campos en que podemos ayudar y es mucha la gente que necesita ayuda.

La Sociedad de Fomento Fabril ha contribuido a formar catorce Agrupaciones Comunales de Desarrollo Social en distintas municipalidades metropolitanas. Ellas deben perfeccionarse y organizarse también en las regiones. El contacto con los alcaldes, otras autoridades y entidades locales puede ser muy útil. Además de dinero, se necesita el apoyo personal, la capacidad de organización y muchos aportes que puedan hacer los empresarios.

Estamos administrando por delegación del Ministerio de Educación cuatro liceos industriales, con 3.000 alumnos y 350 profesores, y por delegación del Ministerio de Salud, el Hospital Paula Jaraquemada y el área correspondiente de Santiago. A través de la Asociación Chilena de Seguridad, damos servicio de prevención de accidentes y hospitalización de primerísima clase a 16.000 empresas, con 550.000 trabajadores.

Debemos estar preparados para participar en los Consejos de Desarrollo Comunales y Regionales, que establece la Constitución Política del Estado y que están poniéndose en marcha.

Yo invito a los empresarios chilenos a unirse en estas iniciativas, en las cuales podemos ser de gran beneficio para los más necesitados.

Es fundamental que los empresarios tengamos las ideas muy claras en lo que se refiere al rol de la empresa privada en la sociedad y las formas de trabajo en que ella se desenvuelve mejor y es más eficiente.

Por más de 45 años el país vivió, con pocas excepciones, en una economía cerrada al exterior, con control de precios, de cambios, de créditos, y casi siempre con manejo demagógico en los asuntos laborales.

La economía cerrada conduce al control de precios, y éste es un sistema absolutamente inadecuado para establecer los valores en que deben transarse las mercaderías. No controla la inflación como se pretende y se presta para toda clase de abusos e irregularidades. El control de cambios no evita crisis de divisas y entraba todas las operaciones comerciales. Tanto es así que en el gobierno del Presidente Allende, con controles policiales de precios y cambios, se produjo la peor inflación de la historia y una de las más graves dificultades cambiarias.

Cuando se pasa por crisis, como la nuestra, con fracaso de muchas empresas, sea por fallas en la conducción macroeconómica, por razones de comercio exterior o manejo de ellas mismas, mucha gente piensa que debe revisarse el sistema de libertad económica y de una manera u otra volverse a los regímenes que antes prevalecieron y cuyos defectos graves he descrito. Yo creo que en esta materia los empresarios debemos tener precisión, sostener claramente, como el mejor, el sistema de libertad económica, perfeccionando su funcionamiento a través de reglas claras, útiles y parejas, dadas por el Estado, y haciendo las correcciones necesarias de conductas equivocadas o errores que corresponda a los empresarios; pero no transar la solución de problemas que pueden ser temporales por principios permanentes que debemos defender siempre.

Otra condición muy importante que debe prevalecer con nitidez es el respeto por las personas, la justicia y el equilibrio en el trato con nuestros colaboradores más directos y más importantes, los trabajadores de las empresas. Es necesario que todo el mundo sepa que todas las personas que trabajan tienen exactamente el mismo derecho a las mismas consideraciones. El más elevado ejecutivo y el más modesto barredor de un taller merecen el mismo trato, la misma deferencia y el mismo aprecio.

Las empresas que cumplen estos principios generan en el interior de ellas agrado de vivir entre todos los trabajadores; consiguen el respaldo de sus colaboradores y el calor humano que todos necesitamos en la vida, independientemente de ser algunos pobres y otros ricos, con alta o baja educación.

Las mismas consideraciones, el mismo trato y la misma cordialidad deben mantenerse con las directivas sindicales y con quienes representan auténticamente a los trabajadores. Las huelgas y conflictos se producirán en mucho menor proporción, y aun los más graves serán resueltos con comprensión cuando existe el respeto mutuo y la debida consideración humana entre las partes.

Finalmente, estimo que la enorme responsabilidad que tienen los empresarios los obliga a actuar dentro de normas éticas y de comportamiento social muy cuidadoso.

Mi consejo más vehemente a los jóvenes empresarios y profesionales es que mantengan siempre en sus trayectorias de trabajo una línea estricta de conducta. Ella les dará las mayores satisfacciones personales y el respeto general que tanto necesita la empresa.

El público y los trabajadores son barómetros sensibles y aprecian y avalúan a veces muy bien las actuaciones empresariales.

Las entidades y empresas manejadas celosamente en estas materias son a la larga las más consideradas y las que mejor se defienden frente a todos los debates.

ICARE y la Sociedad de Fomento Fabril, sin falsa modestia, tienen imágenes de respeto a través de muchos años, porque han mantenido líneas rigurosas de acción y nunca han defendido el interés particular o de grupos, por respetable que él sea, por encima del interés público.

Esta posición moral mantenida durante una larga vida industrial por su presidente, sus directores, sus accionistas, sus ejecutivos y todos quienes la han representado, lo mismo que el respaldo decidido de sus trabajadores, permitieron a la Papelera, hace 12 años atrás, dar una lucha sin cuartel por su independencia, apoyada por la gran mayoría del país. Cuando se pretendió estatizarla ilegalmente, el grito “La Papelera no” de apoyo a esta compañía sólo pudo tener eco y resonancia nacional gracias a la confianza inspirada.

Durante mucho tiempo, yo he tenido la suerte de trabajar con personas que han sido ejemplo en el país en estas materias: en la Sociedad de Fomento Fabril, con don Domingo Arteaga Infante; en la Endesa, con don Reinaldo Harnecker y don Raúl Sáez; en Fensa, con don Julio César Escobar y don Luis Oyarzún, y en la Papelera con don Jorge Aleesandri, a quien rindo homenaje y cuya figura clásica y señera el país destaca precisamente por sus altos valores morales.

Termino estas palabras reiterando a ICARE la mayor gratitud; a mi mujer y a mi familia, mi reconocimiento infinito por su respaldo y cariño de siempre; a mis amigos, directores, ejecutivos y trabajadores de la Papelera, la confianza de tantos años; a la Sociedad de Fomento Fabril y a los industriales chilenos que represento, mi afecto y mi dedicación; a ustedes, muchas gracias por la gentileza de su compañía esta mañana, y a los empresarios que me escuchan, la fe reiterada en todos ellos, en la seguridad de que la empresa privada es y seguirá siendo el mejor método de conseguir progreso para todos los chilenos.