Yo soy un agradecido de la vida, siempre he recibido mucho de ella. Como entender sino el hecho de que hoy ustedes me hayan invitado aquí para entregarme una distinción que quiere dar reconocimiento a lo que para mí solo ha sido una forma de vida: mi trabajo. Entiendo este premio como un reconocimiento a los que trabajan junto a mí durante todo este tiempo. Por eso quiero agradecer el premio que ICARE hoy me otorga, no sólo a título personal sino también a nombre de todos los que han trabajado conmigo.
Yo empecé con casi nada, pero con algo muy importante recibido por mis padres: la educación y formación junto a mis 18 hermanos. Tuve la gran oportunidad de realizar todos mis estudios primarios y secundarios en la serena, esto me permitió estar siempre cerca de mis padres y en especial de haber recibido el ejemplo de mi madre, mujer acogedora y solidaria que influyó sin duda en el sentido social que le he imprimido a mi trabajo. Traigo estos recuerdos ante ustedes porque pienso que el valor de la familia debe y tienen que ser rescatado. Por esto les digo que la educación y formación de nuestros hijos es tarea de la familia y no podrá ser nunca reemplazada ni por el mejor colegio.
Mi primer viaje a Santiago lo realicé cuando tuve que rendir mi bachillerato para entrar a la universidad.
Luego de mis estudios universitarios en Santiago y en Estados Unidos, me acuerdo muy bien de los comienzos de mi vida empresarial, cuando junto a mis amigos Eduardo y Raúl Deves, iniciamos una empresa constructora con casi ningún capital, solo nuestra juventud y las ganas de triunfar. Contábamos con una oficina en la calle Estado, reducida a una sola pieza. Recuerdo que dentro de nuestras tareas estaba el pago de las imposiciones al Seguro Obrero. En la que participábamos los tres socios pegando las estampillas.
Dentro de mi vida empresarial, la política siempre se ha hecho presente. He sido invitado a postular a cargos parlamentarios, pero creo que para esto se requiere de una gran paciencia, que yo no tengo. Es por esto que respeto y admiro mucho a los políticos.
Siempre considere que como empresario podía hacerlo mejor y que en este campo podía servir con más eficiencia a mis ideales sociales.
Hoy veo con alegría y satisfacción que existe consenso respecto a la necesidad de eliminar la extrema pobreza, cambiar las estructuras de la educación, ampliar los beneficios de la salud y vivienda a todos los estratos sociales. Todos sabemos que más allá de ideologías, la economía incorpora nuevas fuerzas al crecimiento del país.
Por estas mismas convicciones pienso que las empresas son el reflejo de los hombres que trabajan en ellas. Esta concepción es la que me ha llevado siempre a mantener un estrecho contacto con las personas que forman parte de las empresas que he dirigido, desde los niveles ejecutivos hasta la base laboral.
Así lo he sentido en innumerables oportunidades, como un día en Concepción, al poco tiempo de haber comprado una empresa en licitación pública, me reuní con los obreros y les pregunté si veían cambios positivos en la nueva administración. Uno de ellos respondió afirmativamente diciendo que por primera vez se sentaban a conversar con el presidente de la empresa sobre la marcha de la misma, y eso lo valoraban enormemente porque se sentían partícipes de un destino común.
Hay otros aspectos de las conductas empresariales que me importan y en las cuales sigo creyendo. Sostengo siempre que todo ejecutivo de empresa debe ser sobrio y austero, como única forma de mantener autoridad basada no principalmente en el mando sino en el ascendiente. Veo con preocupación a muchos jóvenes ejecutivos que se exceden en la ostentación de su nivel jerárquico restándole importancia al valor de la persona.
Quiero agradecer a todas las personas que han trabajado conmigo durante tantos años, a todos mis hijos, y especialmente a José Luis, cabeza del grupo familiar; a mis socios, a los directores y ejecutivos de cada empresa y a cada trabajador que labora en ellas. A todos quiero agradecer por su espíritu de trabajo y por el valor de lo que han aportado, y quiero pedirles que sigan trabajando con el mismo entusiasmo y seriedad con que lo han hecho hasta ahora.
Quiero recordar ahora, a Carmen, madre mis 7 hijos, quien me apoyo constantemente y siempre con alegría por muchos años hasta su muerte. No fue fácil estar solo.
Hoy estoy muy feliz por haber encontrado a María Eugenia, con quien me casé hace muy poco y me acompaña en este momento.
Por todo esto, siento que Dios ha sido muy bueno conmigo. Por eso, cuando agradezco a la vida, en realidad estoy agradeciendo a Dios.