En un entorno empresarial cada día más competitivo, la lucha por el talento se torna cada vez más en un factor clave en cualquier economía que busque continuar desarrollándose. Hoy nos encontramos frente a una nueva generación que presenta características propias, muy diferentes a lo que estábamos acostumbrados a ver y que representan un desafío para nuestras prácticas de gestión, tanto para su atracción, retención, como para su desarrollo dentro de las organizaciones y la interacción con las personas, de otras generaciones, que ya están inmersas en esta.
En este contexto, las gerencias de personas desarrollan diversas estrategias y programas dándole al proceso de atraer, desarrollar y retener talento una importancia estratégica de suma relevancia. Es tarea de cada líder en las organizaciones conocer con quienes debemos interactuar para hacer empresa, como motivarlos y conseguir lo mejor de cada uno. No obstante lo anterior, la realidad nos indica que las interrogantes en las empresas se siguen acumulando: ¿por qué se fugan los profesionales?. ¿Qué tipo de competencias, qué tipo de conocimientos necesito? ¿Quién los tiene? ¿Cuánto valen esos conocimientos? ¿Cómo evalúo los conocimientos a lo largo del tiempo?. Esto, al margen de la necesidad de crear una imagen atractiva, no sólo en el mercado del consumidor, sino también en el mercado laboral. A mayor capacidad de atracción, menor dificultad para sustituir el talento que se marcha.
En consecuencia, el problema ahora es cómo generar una nueva propuesta de valor, atrevida, desafiante y motivante, para los jóvenes ejecutivos de hoy y, a la vez, como armonizar esta propuesta con los intereses y motivaciones de las generaciones anteriores, con el desafío de hacer equipo, primordial para el buen funcionamiento de las empresas y para continuar apalancando el desarrollo de nuestro país.